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Patrimonio Cultural.


El patrimonio histórico y artístico del actual territorio de la Comunidad Autónoma de Cantabria ensambla un conjunto indisoluble con el paisaje desde los más remotos tiempos de sus pobladores en la Prehistoria hasta nuestros días, indisolubilidad que conlleva el equilibrio que proporciona un desarrollo sostenible del territorio. Este patrimonio se ha formado y ha evolucionado con el devenir histórico como resultado de cambios generacionales, sociales, económicos y culturales, fruto de una conjunción reflexiva entre la propia transformación cultural interna de los cántabros y de los diferentes aportes socioculturales de otros pueblos periféricos e incluso procedentes del exterior de la Península Ibérica, como romanos o árabes.
Los municipios de Cantabria poseen un rico y variado patrimonio que se enraiza, desde los más remotos tiempos de la presencia humana, en este sector central de la cornisa cantábrica, en el arte mueble lítico y rupestre del Paleolítico, cuyo buque insignia de difusión a nivel mundial es Altamira. Siguiendo una muy somera secuencia histórica en el patrimonio arqueológico de la Antigüedad, brilla con luz propia Julióbriga, que, al decir del escritor latino Plinio, poseía un rango de capitalidad entre los cántabros en tiempos del Imperio romano. El Medievo destaca, sobre todo, por el amplio y relevante patrimonio eclesiástico, con las colegiatas e iglesias de arte románico y gótico. Desde el Renacimiento a la actualidad se ha sembrado Cantabria de excelentes monumentos de arquitectura civil, donde se refleja la influencia cultural y el aporte económico de América, con los indianos con evidencias monumentales como el Palacio de Sobrellano; de Europa, como el palacio de la Magdalena; y de España, como El Capricho de Gaudí.
Cantabria posee, junto a monumentos emblemáticos del patrimonio arquitectónico como los citados, artistas y arquitectos ilustres que han legado obras dentro y fuera de la región. Existen otros valores patrimoniales que, a lo largo de la historia, han dado singularidad y pluralidad a sus comarcas y valles naturales desde el litoral hasta el interior profundo de Valderredible o del aislado conjunto de los valles lebaniegos de Cabezón, Vega y Camaleño. Edificaciones tradicionales y distintas formas de ocupación humana del hábitat ponen de manifiesto la existencia de una entidad regional, comarcal y local a lo largo de la historia. Castros cántabros en gran medida ocultos en el subsuelo de toda la región, iglesias rupestres del mediodía, cabañas pasiegas, molinos, ferrerías, casas rurales con sus solanas y características propias en cada valle o comarca, escudos diseminados por los distintos núcleos de población como exponente de la hidalguía y de la riqueza heráldica, calzadas y senderos naturales en el litoral, valles medios y montañas, todos en conjunto, jalonan y motean el espacio territorial de Cantabria, dejando un sello evidente del valor de su patrimonio y conformando un equilibrio con la naturaleza y paisaje que debemos preservar en el futuro.
Todo el conjunto patrimonial de los municipios de Cantabria proporciona un espectáculo visual de tesoros artísticos de un valor incuestionable que evidencia un camino y un destino del arte y la historia de Cantabria desde los grandes monumentos a los tradicionales productos artesanales de las gentes del mar y del interior que identifican el patrimonio de la región.
Escribía el dramaturgo y polígrafo alemán Goethe que «sólo vemos lo que conocemos». Esta nueva publicación, Municipios de Cantabria, ha de servirnos para conocer mejor nuestro patrimonio, el cual debemos valorar, preservar y restaurar, si es necesario, para apostar por un presente y un futuro más humano para todos.
José Manuel Iglesias Gil
Catedrático de Historia Antigua
Universidad de Cantabria
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