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Naturaleza y Espacios Protegidos

En distintos puntos de Cantabria podemos tener una visualización, por un lado, del tono azul del mar chocando con un litoral de arenales y rías con sus marismas, rodeadas por verdes praderías; y, por otro, bosques: unos de hojas verde oscuras, otros sin ellas, más arboledas geométricas que denuncian plantaciones. Todo ello bajo el telón de fondo invernal nevado de la alta montaña en el horizonte.
Resulta que el paisaje regional está diversificado en variadas unidades ecológicas, consecuencia primera del contacto marino con la Cordillera Cantábrica. Los tipos de rocas y la distinta química de los suelos que provocan, así como la acción humana, han contribuido a los ecosistemas actuales. Así podemos localizar los siguientes:
- Praderas sumergidas marinas de algas de distintos colores, indicadores de distintas posibilidades de captación de luz, y de fanerógamas marinas, como las hierbas zosteras.
- Marismas en los estuarios de ríos, donde la vegetación adaptada a la salinidad y los invertebrados soportan en la cima de la pirámide alimenticia a diversas especies de aves, algunas con numerosas poblaciones.
- Ecosistemas de dunas y acantilados marinos.
- Encinares cantábricos asentados en sustratos calcáreos con matorrales de especies mediterráneas como acebuches y lentiscos, como recuerdo de periodos más secos.
- Bosques caducifolios definidos por las condiciones climáticas y bosques de ribera. La humedad permanente en algunos puntos, sobre todo del llamado ‘piso montano’, posibilita la formación de turberas, cuyos brezos, droseras insectívoras, algodones de pantano y, sobre todo, los esponjosos musgos esfagnos, propician la formación de turba.
- Alcornocales en zonas relativamente bajas y sobre rocas ácidas de Liébana.
- Matorrales ‘subalpinos’ de brecinas y enebros con ráspanos o arándanos en Alto Campoo, o bien de los espinosas enabios de Picos de Europa, una especie de genista de la zona occidental.
- Prados ‘alpinos’ largo tiempo cubiertos por la nieve y plantas de roca de alta montaña.
- Encinares mesetarios y quejigales, que forman los bosques meridionales, a los que acompañan matorrales espinosos de aulagas, espireas y agracejos, e incluso ejemplares de sabina negral en el desfiladero del Ebro, bajo el vuelo de los blanquinegros alimoches.
Las praderías siempre verdes de hierbas vivaces que dominan gran parte de la región se han establecido en terrenos del potencial bosque de robles y hayas que ha sido sustituido. A veces, los brezales con tojos o escajos se instalan en muchos puntos como un incómodo ‘monte bajo’.
Repoblaciones de eucaliptos y coníferas como pinos y alerces también tienen su extensión. Algunas repoblaciones pueden ser espacios protegidos, caso del Parque Natural de Liencres, con un pinar de pino marítimo en sus dunas, o el Monumento Natural de las sequoyas siempreverdes de Cabezón de la Sal. Pero, evidentemente, los espacios protegidos se sitúan donde predomina lo autóctono. Otras figuras de protección incluyen otros parques naturales, además del Parque Nacional de Picos, los Lugares de Interés Comunitario (LIC) y las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA), pudiendo coincidir distintas catalogaciones en un mismo lugar.
Las setas y la fauna se acoplan a la cubierta vegetal. Las aves aprovechan sus habitats preferidos, unas trescientas especies se han observado en la región. Podemos destacar la singular buitrera de Oriñón sobre el propio mar. Además, las rutas migratorias propician la llegada de especies viajeras a lugares de alimentación importantes como son las marismas costeras, sobre todo para las que viven del marisqueo y la pesca.
Gonzalo Valdeolivas Bartolomé
Catedrático de Biología y Geología
I.E.S. Ría del Carmen, Camargo
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